Cuando yo tenía 18 inocentes años recién cumplidos y nunca había tocado una
chica aún, en casa había una muchacha para los quehaceres domésticos,
Graciela, que también tenía 18 años y estaba muy buena, muy bien
proporcionada y bastante tetona. Usaba un uniforme abotonado, demasiado pequeño
para su talla, que comenzaba con un generoso escote por el cuál se veía una
buena parte de sus pechos, mínimamente sujetos por un corpiño que apenas le
cubría el pezón, y que terminaba a media pierna. Ella era motivo de mis pajas
diarias, cada vez que notaba que le miraba por el ...
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