Por fin estaba en casa, pensé mientras apoyaba mi espalda en la puerta de
entrada cerrándola con mi cuerpo. Sonreí al recordar el episodio vivido en el
autobús, y el recuerdo erizó los vellos de mi nuca. En ese inusitado trayecto
había comprobado en propia piel que los atascos no siempre resultan tediosos.
Me descalcé de una manera casi mecánica mientras rememoraba todo lo
acontecido, y recogiendo los zapatos del suelo me separé de la puerta y avancé
por el pasillo en dirección al dormitorio. Una vez allí, deposité los zapatos
en el armario y la mochila enc...
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