Bretreito Miller
Siempre las cosas terminan por pasar. Es como ser jalado por cincuenta
briosos caballos, la resistencia que uno empeña no es nada. Así me sentí una
noche, mientras empinaba mi taza de café y acababa con el último trago. Di
vueltas en la habitación con esa mezcolanza de sensaciones en mi vientre y en
todo lo bajo de mis piernas, en el cuello y la punta de mis dedos, y, sobre
todo, en mis genitales. Salí y bajé las escaleras con prisa, afuera respiré
hondo y paré intempestivamente toda esa energía furiosa y ancle los pies en el
suelo para ...
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