Diana estuvo colgada unas 2 horas. Sus brazos ardían mientras lentamente se desencajaban por su peso. El dolor de las pinzas clavándose en sus pezones empeoro cuando interrumpieron el flujo de sangre hacia las sensibles puntas de sus pechos. Pero afortunadamente el dolor comenzó a convertirse en una sorda palpitación cuando sus pezones se entumecieron.
Lo peor y empeoraba a cada minuto eran los calambres de sus intestinos ocasionados por el laxante. Se sentía como si fuese a explotar. La presión en sus intestinos era indescriptible. Pero no importaba cuanto se esforzara Diana, la cinta adhe...
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