Había ido a bailar el sabado por la noche, y regresé a casa el Domingo por la mañana, aún luego de que llegara el sol. Era verano, pero uno de esos veranos que habían antes, que te cocinaban mientras caminabas. Por ese motivo (como si necesitara motivos para hacerlo) había tomado alguna que otra cerveza de más.
Entré a casa y fuí directo a mi habitación. Estaba fusilado. Encendí el ventilador de techo que daba justo sobre mi cama, como para poder conciliar el sueño de una manera más agradable. Serían cerca de las 6:00.
A media mañana, ella entró a mi cuarto. Traía una bandeja con tos...
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