Chatman era un tipo muy pero muy enfermo del sexo. Tanto que no podía dejar de fanfarronear (presumir) con sus historias y “anécdotas”, nosotros (compañeros de oficina), para él éramos unos idiotas. Pues solo el era “El Gran Manguera”, así se autodenominaba.
Una vez nos contó una que solo él se podía creer y en su relato parecía estar viviéndolo:
“- Estaba trabajando en una oficina junto a la ventana, enfrente había un edificio y la ventana de la oficina daba justo a la ventana del comedor de un piso del edificio. Un día observé que una bella y delicada mujer me observaba y aunque es...
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