La madre paga por las dos
Esta historia hizo nuestras delicias, porque Raúl, uno de sus protagonistas, la contaba con tal gracia, que no podíamos evitar morirnos de risa. Yo carezco de su gracia, pero se que puedo recrear la otra parte, porque moríamos de risa y se nos templaba la verga. Raúl era compañero mío de la Facultad, tenía por entonces 20 años y era compañero inseparable de farras y juergas. Alto, güero, bien plantado y con su pinta de valemadres, tenía un notable éxito con las chicas. Una vez armamos un trío con una de las nenas más bellas de la escuela, pero esa es otra histo...
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