Enriqueta fue muy atenta conmigo, me dio los libros que le pedí, me los colocó en una bolsa y me retire con paso lento de su finca. Pesaba, aún embelesado por su pierna y el busto, que alguna vez tendría que invitar a esa mujer a tomar algunas copas.
Después de almorzar subía a mi habitación donde me puse a gusto pata soportar el calor del día.
Me desperté tarde cuando caía el sol. María estaba a mi lado con un té con masas. Me serví mientras la miraba extrañado.
- ¿Regresaste bien? – Pregunté – Pensé que tu aventura con Alfonso era más larga.
- Y lo fue. Hacía tiem...
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