Afortunadamente la agitada tarde de compras estaba tocando a su fin, por lo menos eran casi las 8 de la noche y pronto estaría todo cerrado y además ya nos encaminábamos al parking en busca del coche, para volver a casa.
Pero tenía que interponerse un escaparate, otro escaparate, el enésimo escaparate del día, éste era de ropa interior, aunque realmente era lo de menos ¡y pensar que era una calle estrecha y poco transitada!.
Mi mujer se detuvo, ¡no podía ser de otra forma! y tras una mirada decidió entrar, ignorando mis tímidas protestas.
Era una tienda no muy ancha y l...
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