Por fin el reloj marca las dos de la tarde. Es hora de abandonar nuestros asientos, pasar nuestros gafetes por el checador y salir rumbo a casa. Generalmente, a pesar de la buena compañía, no disfruto mucho el tiempo que paso trabajando, pero hoy en particular, ha sido un día bastante aburrido. Lo creía difícil, sin embargo, hemos hecho menos cosas de lo acostumbrado. Creo que de las seis horas que dura el turno, sólo dos de ellas estuve haciendo otra actividad, que no fuera bobear o chismear con el compañero de al lado. Afortunadamente terminó. Ahora puedo dirigirme a casa y comer algo, que t...
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